La idea del «Robodog»

En la mayor planta de LANXESS en EE. UU., situada en El Dorado (Arkansas), se extrae bromo en condiciones muy exigentes. Para reforzar aún más la seguridad, el equipo de la unidad de negocio PLA cuenta con una ayuda inusual: un «Robodog» que detecta y notifica los peligros, y se dirige a aquellos lugares donde la situación puede resultar crítica para las personas. Por esta idea, el equipo acaba de ganar el CEO Safety Award.

El bromo tiene muchas aplicaciones; por ejemplo, mantiene a raya el fuego. Como retardante de llama, es imprescindible en la industria de la construcción —por ejemplo, en edificios públicos como escuelas o guarderías— o en la industria eléctrica para los coches eléctricos. Además, se encuentra en diversas formulaciones como aditivo en productos farmacéuticos, agroquímicos y conservantes. Sus campos de aplicación son muy variados. Pero, como suele ocurrir: donde hay mucha luz, también hay sombra. En el caso del bromo, su nombre ya lo indica: proviene del griego antiguo, de la palabra «bromos», que significa hedor. El elemento no solo huele mal, sino que sus vapores también son potencialmente peligrosos para la salud humana. «A esto se suma que primero tenemos que separar el bromo de la salmuera con cloro. Además, trabajamos con fosgeno, otro grupo de sustancias de riesgo», explica Arfie Wiradjaja, director de operaciones de EE. UU. de la unidad de negocio PLA. Esto no le dejaba tranquilo: «Aquí seguimos las medidas de seguridad más estrictas para proteger al equipo», dice Wiradjaja. «Pero tenía claro que se podía hacer más».

Sobre todo, los llamados «cuasi accidentes» preocupaban al ingeniero químico. Estos pueden convertirse rápidamente en accidentes graves. Hay que evitarlo. Wiradjaja tiene afinidad por la tecnología y siempre le ha interesado la programación. Así que no tardó mucho en ponerse en contacto con un fabricante de drones. «Pensé que, con el estado actual de la tecnología, debería ser posible desarrollar una especie de robot que detectara y notificara los peligros». Enseguida dio con el fabricante adecuado. Este también suministraba a los bomberos y le envió el «Robodog».

Junto con el fabricante, adaptó y programó el robot a las condiciones específicas de la planta. Hoy en día, el Robodog identifica fugas de gases tóxicos en tiempo real. Avisa en caso de fuga de productos químicos, detecta derrames o acumulaciones de líquidos y permite una vigilancia segura de espacios reducidos. Además, con ayuda de su cámara termográfica, localiza tuberías calientes sin aislamiento.

«Incluso en caso de emergencia, puede guiar a los equipos durante la evacuación». Wiradjaja está encantado con su nuevo compañero, que incluso es capaz de subir escaleras. «Gracias a él, podemos proteger a todos nuestros compañeros de situaciones de peligro. Primero enviamos a nuestro Robodog a la planta y esperamos a ver qué descubre». Esto ha demostrado su eficacia: el perro robot de seguridad ya identificó una fuga mínima de sulfuro de hidrógeno y activó la alarma. Al mismo tiempo, guió al compañero, que se mantenía a distancia, a una zona segura, por lo que este no inhaló ningún gas nocivo. Fue un clásico conato de accidente.

Wiradjaja quiere adquirir más Robodogs. El actual ha sido muy bien aceptado por los compañeros. «El manejo es sencillo. Como ya ha demostrado su eficacia, todos ven las ventajas», afirma Wiradjaja. Con un coste de adquisición de unos 4.500 euros, la ganancia en seguridad es enorme.

Actualmente solo se utiliza en la planta central, que es la más grande. Pero, según Wiradjaja, eso va a cambiar pronto. Este rebosa ideas. Recientemente ha encontrado «por casualidad» —como dice con modestia— una solución para el reciclaje del diclorometano (DCM). Normalmente, durante la producción del retardante de llama Emerald Innovation 3000, el DCM se liberaba sin aprovechar al sistema de gases residuales. Ahora, sin embargo, el proceso de producción se lleva a cabo en frío. Esto mejora enormemente la condensación y la absorción del vapor de DCM, lo que permite su recuperación efectiva. «La refrigeración fue la clave», afirma Wiradjaja. En tres semanas, el equipo implementó el sistema en este nuevo proyecto denominado «Popsicle»; ahora esperan un ahorro anual de más de tres millones de euros. Además, el cambio también contribuye a la sostenibilidad: el DCM ya no se libera sin aprovechar a la atmósfera, sino que se recicla.

Wiradjaja tiene algunas ideas más para modificar los procesos, que también se pondrán en práctica. Pero no quiere hablar de ellas hasta que tengan éxito. Sin embargo, para él, la innovación más importante sigue siendo el Robodog: «Ahora todos podemos dormir más tranquilos. Nuestro valiente y pequeño compañero Robodog va ahora a donde podría ser potencialmente peligroso para nosotros, los humanos».